Historia


La Edad de Oro del Islam o Edad del Islam Clásico

Resumen.

La Edad de Oro del Islam, también conocido como la Edad del Islam Clásico se extiende entre los siglos VII y XV. Es un período donde los pensadores, científicos y artistas musulmanes crearon una civilización única basada en el modo de vida (Din en árabe) del monoteísmo del Islam y en las aportaciones de otras civilizaciones anteriores, como la helénica, la latina, la persa, la india y la china.

Tuvo lugar entonces una globalización bien entendida donde la fe y la razón lejos de ser antónimos fueron sinónimos de expresión y redención. Así se proclamó conjuntamente la Revelación divina y el humanismo solidario para fomentar el conocimiento, la sabiduría y la fraternidad. En este universo multifacético se predicó y se practicó la convivencia no sólo con los judíos y los cristianos, sino también con otras creencias, pueblos y culturas.

La historia oficial afirma que Occidente heredó directamente el legado cultural de Grecia y Roma. Pero si la mayoría de los manuscritos griegos y latinos fueron destruidos a partir del saqueo de la Biblioteca de Alejandría en 391, los archivos de Roma fueron devastados en sendas ocasiones entre 410 y 476 por visigodos y hérulos, y los escasos vestigios clásicos que quedaban en Atenas fueron arrasados por Justiniano I en 529, ¿cuál fue la conexión que logró transmitir esa literatura y pudo ser aprovechada en un período anterior al renacimiento?

La salvación de las piezas literarias se realizó durante ochocientos años de activa y responsable tarea de recopilación por parte de los árabes durante la línea de tiempo que oscila entre 650-1450 en la que fueron rescatados, traducidos y retransmitidos hacia los cuatro puntos cardinales.

El Islam desde un principio enfatizó la adquisición de conocimiento. El Profeta del Islam, Muhammad (PyB), recomendó: «¡Buscar la ciencia en todas partes, hasta en la China!» y «¡Echar mano de la sabiduría sin mirar el recipiente que la encierra!».

Llevando a la práctica esos consejos, los primeros musulmanes, en apenas dos siglos (del VII al IX) aprendieron la ciencia, el arte y la filosofía de los griegos, romanos, persas, indios y chinos. Más tarde, supieron devolver esos préstamos generosamente, sintetizando, corrigiendo y transmitiendo ese conocimiento a su civilización y a través de ésta al Occidente.

Redescubrir y elaborar eran habilidades y fortalezas de los sabios musulmanes que fueron los custodios de las enseñanzas del mundo antiguo. Platón, Aristóteles, Euclides, Hipócrates, Galeno fueron cuidadosamente salvados desde el mismo momento que los musulmanes comprendieron el valor de la ciencia, las matemáticas y la medicina. En los siglos diez y once, Bagdad, El Cairo y Córdoba llevaron a cabo ese trabajo en sus casas de sabiduría. El saber universal fue entonces el origen de la palabra universidad. Las ondeantes togas de los graduados provienen de observar la indumentaria de aquellos árabes.

La cultura científica de los musulmanes clásicos es una sabiduría práctica, concreta, basada en las necesidades de la vida, adquirida mediante la observación y la experiencia. Los científicos musulmanes, al igual que Arquímedes, Herón o Dioscórides, nunca se separaron del saber empírico, por el contrario, lo profundizaron.

La invitación de Sócrates a través de la reflexión, el “Conócete a ti mismo”) coincide singularmente con la exhortación del Profeta Muhammad (PyB) “Conócete a ti mismo y conocerás a tu Creador”.

El movimiento científico y filosófico del Islam no sólo interpretó el saber de los antiguos sino desarrolló una nueva ciencia donde la razón sustentaba a la fe y viceversa como ordena el Sagrado Corán. Esta fue la base esencial que permitió construir el Renacimiento y la Ilustración, que a su vez posibilitaron la Modernidad, y con ella vinieron los anhelados e imprescindibles derechos civiles y humanos, y la libertad de expresión y pensamiento.